¿Qué es la Web3?

La Web3 es el otro nombre que recibe el Internet “descentralizado”, y funciona de un modo muy parecido al Internet que conocemos hoy día, aunque con algunas diferencias técnicas importantes que resultan decisivas. En la Web3 sigue habiendo sitios web y aplicaciones similares a las que utilizamos día tras día, véase redes sociales o servicios de streaming, y también hay canales de noticias, herramientas financieras y mucho más. Es muy completa, como no puede ser de otro modo, y también más abierta, porque no estamos bajo la lupa de las grandes tecnológicas ni los gobiernos. Eso hace que el método de conexión a sus sitios y aplicaciones sea fundamentalmente distinto.

¿Te descuadra lo que acabas de leer? No te preocupes. Vamos a repasar la estructura básica de Internet y analizar cómo encaja este nuevo concepto de “descentralización” en ella para despejar incertidumbres.

El Internet centralizado: ¿qué son los servidores?

La red de redes alberga millones de sitios web y aplicaciones, y podemos acceder a ellos a golpe de clic desde smartphones, ordenadores, televisores inteligentes y otros dispositivos con conexión a Internet. No obstante, todos estos sitios web y aplicaciones deben “habitar” (o estar almacenados) en alguna parte, y justo ahí es donde entran en juego los servidores.

Un servidor, que en realidad no es más que un ordenador, alberga físicamente el material disponible en Internet. Cuando accedes a servicios, sitios web o aplicaciones en línea, te comunicas de hecho con los servidores en los que “habitan”.

Buena parte de las aplicaciones y sitios web necesitan muchos servidores. Hay algunos pequeños (como un blog personal) que solo necesitan un servidor, pero lo cierto es que las aplicaciones web que mueven millones de usuarios necesitan una infraestructura mucho mayor, que viene a ser varios servidores repartidos de forma “distribuida”.

Si regentas un sitio web, una aplicación o un servicio, tienes dos opciones: alojarlo en tu propio almacén de datos (tus servidores, en otras palabras) o alquilar la infraestructura necesaria a un proveedor externo. Estos proveedores suelen ser grandes tecnológicas como Amazon, Microsoft o Google, y se han hecho muy poderosas gracias a estrategias de monopolización consistentes en ofrecer servidores y mantenimiento a un precio (relativamente) bajo y muy accesible. Porque para mucha gente es más barato, fácil y rápido alquilarles servidores que poner en marcha los suyos propios. Además, los grandes proveedores de servicios cuentan con multitud de granjas de servidores esparcidas por todo el planeta, algo que aprovechan los sitios web y aplicaciones para distribuir su almacenamiento y garantizar un acceso rápido a sus servicios independientemente de la ubicación de los usuarios.

Si tu servicio depende de ellos, aunque tú tengas poder sobre él, ellos mandan más que tú. A este modelo se le denomina “centralizado” porque el dueño de los servidores es el principal mandamás de lo que se aloja en ellos y, por tanto, del servicio. Aunque estén distribuidos por todo el mundo. Es indiferente. La autoridad centralizada sigue teniendo control sobre ellos.

Este es el motor que marca el funcionamiento del ya Internet antiguo. En la Web 1.0 y 2.0, los gobiernos, las grandes tecnológicas y Wall Street, por citar algunos entes, son las autoridades centrales que verifican la identidad, las transacciones, los derechos de publicación de contenidos e incluso el acceso básico a Internet.

La Web3, sin embargo, trata de alejarse de estos principios para instaurar un modelo totalmente opuesto; uno descentralizado.

¿Cómo tiene lugar la descentralización en la Web3?

En la Web3 aún hacen falta servidores para alojar aplicaciones, sitios web y servicios, y muchos de ellos están también distribuidos por todo el mundo, pero la diferencia estriba en que los servidores (o nodos, como se les conoce en la Web3) son propiedad y están gestionados por individuos independientes, no por autoridades centralizadas. En otras palabras, además de distribuidos, están descentralizados.

Esta diferencia puede parecer banal, pero no lo es, pues tiene grandes implicaciones de cara al futuro y uso de Internet. Se trata de una diferencia tanto técnica como ideológica. La descentralización es el corazón de la Web3, y su objetivo es poner el control de Internet en manos de las personas que lo conforman, no de grandes tecnológicas.

El modelo de propiedad de la Web3 es, sin embargo, mucho más complejo y difícil de conseguir desde una perspectiva técnica. Para lograr que la propiedad sea verdaderamente descentralizada, la Web3 emplea tecnologías vanguardistas como la blockchain y las criptomonedas para coordinar nodos e incentivar a individuos independientes para que hagan una buena gestión de los mismos. Cualquiera entonces puede formar parte de una red y utilizar nodos descentralizados para alojar sus sitios web, aplicaciones y servicios.

Más información acerca de las tecnologías que hacen posible la Web3 y de su funcionamiento.

Cuando se dice que las redes que conforman la Web3 son “descentralizadas”, significa que nadie (ya sea a nivel individual o en conjunto) tiene autoridad o control sobre ellas. Nadie tiene privilegios especiales tales como la capacidad de ver todo el tráfico que se produce en ellas o de bloquear el acceso a determinados usuarios. Las redes de blockchain dependen de miembros independientes (no de grandes tecnológicas con todo centralizado) para mantener su buen funcionamiento, y estos reciben criptorrecompensas por ello.

A las aplicaciones y sitios web que están alojados en las redes de blockchain de la Web3 se les conoce como “aplicaciones descentralizadas” (o “DApps”). Es un término que viene a decir que se alojan colectivamente en nodos que pertenecen a individuos independientes, no en servidores de una entidad que posee control sobre ellos. Técnicamente, cualquiera puede poner su ordenador a disposición de la red en forma de nodo, pero, en la práctica, son los ordenadores más avanzados y potentes los que mejor funcionan como nodos. La mayoría de los nodos siguen funcionando por tanto en configuraciones de considerable tamaño y prestaciones, solo que sin propiedad centralizada.

Más información acerca de las aplicaciones descentralizadas y de lo que la Web3 aspira a ser.

Por qué debemos apostar por un Internet descentralizado

La Web3 funciona igual que el Internet de toda la vida, pero se sustenta sobre una infraestructura diferente (y descentralizada). ¿Por qué esto es tan importante?

Lo es fundamentalmente por dos motivos: en primer lugar, la Web3 es mucho más segura, privada, accesible y resistente a la censura que la Web 2.0, y en segundo lugar, instaura una nueva filosofía sobre cómo debe funcionar Internet y quién debe controlarlo, ya que brinda a los propios usuarios la oportunidad de concebir su futuro. Los defensores de la Web3 afirman que es una forma de democratizar y desmonopolizar Internet, ya que devuelve sus riendas y el poder a los usuarios.

Ventajas de la Web3

En comparación con el Internet centralizado de hoy en día, la Web3 es más:

  • Segura (gracias a la criptografía)
  • Resiliente (gracias a una infraestructura distribuida a nivel global)
  • Resistente a la censura (porque no hay autoridades centrales que puedan bloquear el acceso)
  • Abierta (ya que nadie tiene que pedir permiso para participar)
  • Privada (gracias a la ausencia de servidores centralizados, no existe un acceso privilegiado a los datos)

Analicemos cada una de estas ventajas de un modo más exhaustivo…

Seguridad

La Web3 es más segura y privada que la Web 2.0 gracias a la criptografía que forma parte de su ADN. En ella, puedes acceder a las aplicaciones descentralizadas con una clave privada (que es una especie de pasaporte protegido criptográficamente) en lugar de tener que introducir diversos nombres de usuario y contraseñas. Tú tienes así el control de tus datos, y no necesitas que una autoridad central almacene y verifique tus credenciales cada vez que desees iniciar sesión.

Resiliencia

Aunque hay nodos/servidores distribuidos a nivel mundial tanto en la Web3 como en la Web 2.0, los de la Web3 suelen estar mejor distribuidos, porque las grandes tecnológicas de la Web 2.0 tienden a concentrar sus granjas de servidores en zonas “estratégicas”. Al haber nodos repartidos a lo largo y ancho del planeta que son propiedad de particulares (y están gestionados por ellos), es mucho menos probable que se produzcan interrupciones o problemas en las redes que componen la Web3, así como cortes de energía que hagan caer servicios, por eso la Web3 es más “resiliente”. Además, las caídas generalizadas (como cuando ocurre un problema en Amazon Web Services que afecta a todos sus centros de datos y servidores) son prácticamente inauditos en la Web3.

Resistencia a la censura

El alojamiento descentralizado de la Web3 hace que los sitios web y aplicaciones sean más resistentes a la censura que sus homólogos de la Web 2.0. En la Web 2.0, un gobierno o un proveedor de servicios de Internet puede actuar como autoridad y bloquear el acceso a sitios web (impidiendo la conexión con sus servidores). En la Web3, sin embargo, las redes de blockchain y las aplicaciones descentralizadas que hospedan no están controladas por autoridades centrales, ya que los servidores son independientes a nivel de propiedad y funcionamiento. Por tanto, nadie puede cortar el acceso a los servicios porque sí.

Aperturismo

La naturaleza descentralizada de la Web3 la hace abierta, sin permisos y transparente. Cualquiera con conexión a Internet puede acceder a ella independientemente de su ubicación, nacionalidad, edad, género o cualquier otro factor. Además, cualquiera puede descargar el software necesario, convertirse en operador de un nodo y participar en la seguridad de la red de blockchain. No hace falta pedir permiso, pero no hay ninguna autoridad central encargada de concederlo.

Privacidad de los datos

Cuando usas las aplicaciones descentralizadas de la Web3, te comunicas con nodos que son de propiedad independiente. No como en la Web3, que estableces conexión con servidores de propiedad centralizada a puerta cerrada. En la Web 2.0, tu privacidad queda en manos de los propietarios de los servicios que utilizas y, siendo realistas, las grandes tecnológicas de la Web 2.0 han demostrado por activa y por pasiva que prefieren vender tus datos a protegerlos. En la Web3, no obstante, tratas con individuos independientes. No existe una “Corporación Ethereum” central, por ejemplo, que disponga de acceso privilegiado a todos los datos que envíes a través de su red o que te someta a un seguimiento constante por medio de rastreadores.

La Web3 es un movimiento ideológico

La Web3 no es solo un conjunto de avances tecnológicos. Es una especie de rebelión, porque representa un rechazo a la mala gestión que se hace actualmente de Internet, que desprecia a los usuarios en favor de megacorporaciones que solo buscan llenarse los bolsillos.

La Web3 permite a los usuarios acceder libremente a Internet y ser dueños de sus datos, sin necesidad de la intervención o mediación de las grandes tecnológicas. Se trata de una filosofía de nuevo cuño sobre cómo debe gestionarse la red de redes y cómo deben acceder a ella los usuarios, porque en el mundo de la Web3, la dependencia a autoridades monolíticas y centralizadas, como los gobiernos, las grandes tecnológicas o los grandes bancos, no tiene lugar ni razón de ser.

La Web3 tiene como objeto democratizar Internet para que todo el mundo pueda participar en las redes que la componen, poner en marcha nodos, desarrollar aplicaciones descentralizadas y disfrutar de su abanico de servicios sin importar dónde viven y quiénes son.

La Web3 es una fuente de innovación tecnológica

Además de convertir Internet en un lugar más equitativo e igualitario, la Web3 impulsa la creación de nuevas tecnologías muy interesantes.

La Web3 se basa en tecnología blockchain y criptomonedas, que han abierto la puerta a todo tipo de avances tecnológicos. Las criptomonedas, sin ir más lejos, introdujeron el concepto de “tokenización”, que consiste en coger un activo y crear una versión digital respaldada por la blockchain. Ello provocó la aparición de nuevos tokens criptográficos de todo tipo que reflejan el valor y la innovación de la Web3., entre ellos el Basic Attention Token (BAT), que Brave emplea para mejorar el mundo de la publicidad en línea, tanto para los usuarios como para los anunciantes.

La tokenización se expandió más si cabe cuando los NFT (tokens no fungibles) revolucionaron el mundo del arte digital, si bien sus usos y radios de acción abarcan mucho más. Los NFT han hecho que una nueva generación de usuarios de la Web3 miren de otro modo los activos digitales y la forma de poseerlos, almacenarlos, exhibirlos e interactuar con ellos. Las galerías de NFT han originado de hecho nuevas instancias del metaverso, donde es posible exponer obras de arte digital para uso y disfrute de todo el mundo. Ello abre a su vez mundos de posibilidades en los propios metaversos, de los que seguramente surgirán más tecnologías nuevas en el futuro.

Estas nuevas tecnologías presentes y futuras no solo despiertan emociones y revolucionan el espacio tecnológico. También hacen gala de grandes capacidades y de un enorme potencial para mejorar otros sectores. El primero que se vio fuertemente afectado, para bien, por las tecnologías de la Web3 fue el financiero (gracias a la introducción de las finanzas descentralizadas), pero es un hecho que le seguirán muchos más, porque los sistemas ágiles, automáticos y fiables de la Web3 son perfectos para crear un antes y un después en las cadenas de suministro, la sanidad, los seguros, la industria inmobiliaria, los videojuegos o las redes sociales, por citar algunos.

Descubre y explora tú también la Web3

Cuantas más personas se unan al movimiento de la Web3, más fuerza y empuje ganará la revolución. Cada vez más personas son conscientes de los problemas e ineficiencias de la Web 2.0 y se pasan a la Web3, por lo que Internet va a convertirse poco a poco a buen seguro en un lugar más equitativo e innovador para todos.

Si deseas unirte a este movimiento, lo único que tienes que hacer es utilizar un navegador que vele por la privacidad, que sea compatible de serie con la Web3 y que disponga de funciones integradas como un criptomonedero para sacarle el máximo provecho. El navegador que buscas y que se ajusta a todo esto es el de Brave. Descárgalo ya para adentrarte en la Web3 sin complicaciones.

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